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Ánima rayada de un cañón del siglo XIX.

Ánima rayada de un cañón del siglo XIX.

Nota: Este post fue publicado originalmente en el blog de la Hispanic American Historical Review, al que puede accederse directamente desde este enlace.

Es por todos sabido (por los historiadores al menos), que la base de la investigación académica está compuesta por las fuentes escritas, por lo documentos que, escritos hace poco o mucho tiempo, conforman el fundamento sin el cual cualquier obra histórica que quisiera preciarse de crítica y veraz, quedaría desacreditada. Y si bien el documento escrito fue por mucho tiempo el único (o al menos el más importante) recurso con el que los profesionales de la historia contaron para poder llevar a cabo sus trabajos, los avances tecnológicos han venido a cambiar el panorama en cuanto a la diversidad de fuentes de las cuales puede el historiador echar mano para analizar el pasado.

El primero de estos avances fue probablemente la fotografía, que se consideró un instrumento de completa imparcialidad al capturar una escena o momento sin que el fotógrafo tuviese la posibilidad de modificarlo de forma alguna. Antes de la fotografía, la única forma de capturar situaciones, personas o momentos, había sido la pintura y, en la prensa, las litografías, que pretendían ilustrar —para mejor entendimiento de las masas analfabetas— los acontecimientos contenidos en sus páginas. La litografía podía ser sujeta a manipulación para que mostrara justo lo que su autor deseara, pero una fotografía era ya harina de otro costal, pues retrataba un momento tal cual había acontecido, además de que para los primeros años de su uso su manipulación resultaba inconcebible (contrario a lo que sucede hoy con la fotografía digital altamente manipulable). Así pues, la fotografía se convirtió sin demasiado problema en una de las principales fuentes para la construcción de hechos históricos.

De igual forma, con la invención del cinematógrafo, se abrió un mundo de posibilidades al poder filmar un suceso dado que, al menos durante sus primeros tiempos, fue imposible de manipular, con lo que se agregó una fuente más de la que los historiadores habrían de hacer uso cada vez con mayor frecuencia.

Las imágenes, ya sea en movimiento o no, habían encontrado la forma de inmortalizarse, y justo lo mismo sucedió con los sonidos, que gracias a la radio y posteriores avances, pudo contener las ondas auditivas que conforman un discurso, una declaración, etc. Aunque la mayoría de los avances de los que he hablado y que han dado nuevas herramientas a los científicos sociales nacieron antes del siglo XX, fue en éste en el que se desarrollaron a pasos agigantados. Y con su desarrollo llegaron, desde luego, mayores inovaciones: Internet.

Como prácticamente todo lo que se escribe (y se publica) es materia para la investigación social y, por ende, de convertirse en fuente histórica, el boom de nuevos servicios como las redes sociales y los blogs —en los cuales cualquier persona puede publicar lo que se le ocurra desde un dispositivo capaz de conectarse a Internet— ha despertado el interés de los historiadores debido a que en un futuro próximo servicios como Facebook o Twitter podrían ser usados como fuentes históricas, pues registran los acontecimientos locales, nacionales e internacionales y reflejan las tendencias de aceptación o rechazo de sus usuarios ante tal o cual acontecimiento.

Y otra de las redes sociales en boga hoy por hoy, Instagram, es de la que pretendo hablar un poco en este espacio. Como la gran mayoría sabrá, Instagram es una red social dedicada única y exclusivamente a compartir las fotos que sus usuarios toman y suben. Siendo una de las redes más populares, cabe esperarse una gran cantidad de fotos circulando por sus servidores y siendo vistas por millones de personas. Las estadísticas muestran que, desde su fundación (octubre de 2010), se han subido a Instagram más de 16 mil millones de fotografías, y que el promedio de publicaciones diarias ronda los 55 millones de fotografías, de sus 150 millones de usuarios [fuente]. Es decir, uno de los repositorios de imágenes más grandes (si no es que el más grande) del mundo. Fotografías de sucesos, paisajes, edificios, etc., se suben diariamiente, o lo que es lo mismo, un registro del quehacer humano en imágenes, un registro bastante reciente, es cierto, pero que servirá a los investigadores en el futuro.

Y hablando precisamente de Instagram como un registro histórico-fotográfico, resultaría curioso preguntarnos cómo habría sido usada dicha red en algunos de los momentos más significativos de nuestra historia ¿cómo habría compartido Benjamin Franklin el experimento en el que volaba una cometa en medio de una tormenta eléctrica? ¿Cómo se habría visto el desembarco de Normandía? ¿Habría Hitler compartido alguno de sus primeros trabajos? ¿Habría imaginado Bill Clinton lo que sucedería con Monica Lewinsky? ¿Cuál habría sido el pensamiento de Wilkes Booth al ver una “selfie” de Lincoln? ¿Habría Colón hecho una bitácora de su viaje a América mostrando su frustración conforme pasaban los días sin divisar tierra?

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El mítico cometa de Ben Franklin

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¿Cómo se habría visto el desembarco de Normandía?

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¿Habría Hitler compartido alguno de sus primeros trabajos? (Este obvio es una burla)

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¿Habría imaginado Bill Clinton lo que sucedería con Monica Lewinsky?

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¿Cuál habría sido el pensamiento de Wilkes Booth al ver una “selfie” de Lincoln?

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¿Habría Colón hecho una bitácora de su viaje a América mostrando su frustración conforme pasaban los días sin divisar tierra?

Cuestiones como las anteriores son abordadas con una buen dosis de humor por los encargados del sitio Histagrams, quienes se dieron a la tarea de imaginar cómo algunos de los hombres y mujeres más destacados en la historia de la humanidad, habrían compartido algunos de los acontecimientos que han definido el mundo.

El sitio mencionado imagina ciertas situaciones y las aborda de manera divertida, colocando incluso comentarios de personas de la época. Sin embargo, esto nos da pauta para imaginar el uso que se le dará no sólo a Instagram, sino a multitud de servicios electrónicos de los que hoy en día hacen uso millones de personas, entre los que se cuentan políticos, intelectuales, y demás personalidades, y que se encuentran creando, de manera inconsciente, un registro que con posteridad podrá ser analizado. De igual forma, las fotografías que se publican se encuentran dando testimonio de una época que podrá explorarse en el futuro de una manera más que abundante si tenemos en cuenta las millones de capturas que se suben diariamente.

El problema será, casi seguro, encontrar una forma de sistematizar la información para realizar búsquedas eficientes, pero ese ya es otro tema.


Estadísticas de Instagram: http://instagram.com/press/ | http://expandedramblings.com/index.php/important-instagram-stats/#.UsYDgfRDt8E

Histagrams: http://histagrams.com/

Histagrams en Gizmodo: http://gizmodo.com/how-historic-moments-would-have-been-shared-on-instagra-1466567795


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