La prohibición de las corridas de toros, una pugna con historia

Sanfermines - Corrida de toros
Image by Rufino Lasaosa via Flickr

Recientemente ha causado revuelo la iniciativa promovida por el PVEM (Partido Verde Ecologista de México) y el PRI (Partido Revolucionario Institucional), respecto a la prohibición de las corridas de toros en el Distrito Federal, lo que ha polarizado a diversos sectores de la sociedad en lo concerniente al tema, provocando encendidas discusiones sobre los beneficios y perjuicios en torno a la prohibición de la fiesta brava en la capital del país, lo que a su vez provocaría que se discutiera dicha posibilidad en los demás estados de la República Mexicana.

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Opositores a las corridas de toros en el DF

Aquellos que defienden la medida de prohibir las corridas aducen que con ellas se fomenta el maltrato y la crueldad contra los animales, además de resaltar que se trata de una práctica esencialmente “sanguinaria” y “bárbara”, que poco o nada tiene que ver con el avance civil y moral de la sociedad de este siglo XXI. Además de lo anterior, la reciente decisión en España (el país con mayor tradición taurina del orbe) de prohibir tal “costumbre”, ha permeado en los legisladores mexicanos (así como en otros países latinoamericanos) sobre la necesidad de erradicar la costumbre taurina.

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Activistas a favor de la abolición de la corrida de toros celebrando en España

Por otra parte, los amantes de la tauromaquia —cuya cabeza visible es el empresario de la Plaza México, Rafael Herrerías—, sostienen que con la prohibición México estaría perdiendo cinco siglos de tradición, sin mencionar los mil quinientos empleos que generan las corridas tan sólo en la Plaza México y el millonario negocio que engloba a diversas empresas de índole ganadera, cervecera, etc.

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Rafael Herrerías, empresario de la Plaza México

Sin embargo, poco caso se ha hecho a los antecedentes históricos de este ritual, en los que se incluyen, durante el Porfiriato, prohibiciones de las corridas que duraron muchos años. Por ello pretendo —apoyándome en un texto de William Beezley— dar un contexto histórico de la fiesta brava en México, especialmente durante el siglo XIX y el Porfiriato.

Las corridas de toros en la historia de México

Como es bien sabido, la corrida de toros es una herencia ibera que llegó a la Nueva España en el siglo XVI, aunque las reglas de la corrida actual aparecieron en los años de la independencia a costa de suertes tales como ensartar el anillo, perseguir de cerca al toro, trepar el palo encebado para alcanzar el cerdo, la participación de espontáneos, etc., que desaparecieron a favor del drama en tres escenas que conocemos hoy día: 1) Colocación de las banderillas para embravecer al toro, 2) heridas con picas en la parte superior del lomo para debilitarlo y, 3) entrada del torero —después de observar la reacción del toro a las banderillas y picas— para matar de una sola estocada, si le era posible. Después de 1830 se añadieron al ritual los peligrosos pases de muleta que llevan al toro a escasos centímetros del cuerpo del matador, lo que se consideró el “ballet de la corrida”. A pesar de esto, matar al toro con gracia era la esencia de la corrida, no el ballet entre el animal y muleta.

Según Beezley,

Durante el siglo XIX, la corrida fue metáfora de la sociedad mexicana. El “presidente”  [hoy juez de plaza] representaba al caudillo, cacique o patrón que regía las actividades de todos y señalaba el ritmo del quehacer diario. Sólo en una sociedad paternalista podía tener sentido un ritual semejante. Los “actores” señalaban jerarquías sociales en las que cada hombre desempeñaba su papel  y dejaba que la sociedad como un todo llevara a cabo la tarea. Aunque había cooperación entre banderilleros, picadores y toreros, no formaban un verdadero equipo. El matador dependía de los demás, pero sin duda pertenecía a una jerarquía más alta y recibía todos los honores. El matador era el epitome de la fiesta; debía mostrar aquellos atributos que, dentro de ese orden masculino, se consideraban más valiosos. Tenía que enfrentar a la naturaleza despiadada en su expresión más feroz: el toro enfurecido. El torero debía ser más valiente, inconsciente en su desconsideración, firme ante la caída del toro; debía olvidar riesgos, ignorar heridas y temores y arriesgar por el honor aun su vida. Pero sobre todo debía actuar con gran cortesía y refinado decoro.

Banderillero en Tenango del Valle, 1898

Pero al iniciarse el periodo Porfiriano, el gobierno del general Díaz prohibió las corridas en la ciudad de México y otros estados importantes, que incluyeron Zacatecas y Veracruz —el más importante centro minero del país y el más importante puerto mexicano de esa época, respectivamente. Pero, ¿por qué se tomó dicha medida? Beezly sugiere dos causas: la primera de ellas concierne a la ambición política y nacionalista del presidente, pues deseaba el reconocimiento de su gobierno por parte de los de Estados Unidos y Gran Bretaña, naciones que criticaban duramente el atraso de la sociedad mexicana, y que describían a México como un país de bandidos, con  gobiernos inestables, que no pagaba sus deudas y que encima se complacía en la crueldad con los animales, pues “el turista o espectador incidental veían sólo arena y sangre, los anglosajones veían todo con horror […]”. De esta forma, al prohibir las corridas en la capital, en un puerto tan grande como Veracruz y en Zacatecas, pocos extranjeros verían el espectáculo, con lo que Díaz podría afianzar su imagen de reformador que sacaba a México de la barbarie para ponerlo en el rumbo del progreso como miembro de la comunidad de naciones occidentales.

Toro con un rosetón en la frente y con banderillas como barquillos, como fuentes de la abundancia cayendo a cada uno de sus lados
Dibujo de un zarzo de banderillas usado en los últimos años del siglo XIX en México

El segundo motivo se halla en las hipótesis antropológicas del juego profundo (deep play) de Clifford Geertz y de exhibición ritual (ritual display) de Susan Birrel, que quieren ver a las corridas como una muestra de sumisión al caudillo en una sociedad jerarquizada, y que exigía al individuo ignorar todos los riesgos para llenar una función tradicional previamente asignada. De esta forma, podía concebirse a la corrida como lo opuesto a la plataforma política que Díaz deseaba instaurar, a saber, cambios en el gobierno, elecciones genuinas y el final del caudillismo. Era un pensamiento simple y lógico: “la consolidación del poder no admitía individualismo exagerado o resistencia desordenada”.

Sin embargo, la prohibición de las corridas no duró todo el periodo porfiriano.

Hacia 1888, el sistema se hallaba donde Díaz quería tenerlo. Había reordenado el poder político, casi no necesitaba hacer uso de la fuerza, había conseguido el reconocimiento nacional e internacional, y estaba listo para que se le reconociera como padre de la patria, y, como tal, podría mediar, orquestar, recompensar y castigar. El nuevo patriarca estaba listo para volver a los despliegues rituales de paternalismo. Asolearse en una corrida ante la presencia del patriarca, aunque sólo fuera en sentido metafórico, era una cualidad del estilo porfiriano de persuadir [y de vivir].

Rodolfo Gaona con el capote y Antonio Fuentes coleando.

A título personal…

El autor de estas líneas tiene una clara tendencia hacia la prohibición de las corridas, o a favor de que al menos se reforme la fiesta brava en el sentido de no herir ni matar a los astados. Sin duda debe considerarse la cuestión de los empleos que se perderían en un país que sufre por sus condiciones económicas, el bajo salario mínimo y de la escasa capacidad adquisitiva del mismo. Pero no creo que sea posible establecer una defensa de la tauromaquia desde el punto de vista comercial, donde los mayores beneficiados son los grandes empresarios (como suele ocurrir), ni desde la cuestión que afirma que se perdería una tradición, pues si nos atenemos a los argumentos de Beezley, dicha tradición (la de las banderillas, picas, el paso de muletas y el posterior sacrifico del animal) comenzarían propiamente a partir de 1830, y no desde el siglo XVI, como aducen los defensores de la tauromaquia.

Así las cosas respecto a este tema tan polémico, ya se verá como evoluciona en los meses por venir.

Opiniones sobre la prohibición de las corridas en Cataluña:

Opiniones sobre la prohibición de las corridas en Cataluña

Opiniones sobre la prohibición de las corridas en México:

Opiniones sobre la prohibición de las corridas en México (Coahuila)

Aristegui CNN: Contra la violencia a los animales:

Aristegui CNN: Contra la violencia a los animales



Para saber más:

BEEZLY, William, “El estilo porfiriano: Deportes y diversiones de fin de siglo”, en Cultura, ideas y mentalidades, (Lecturas de Historia Mexicana 6), México, El Colegio de México, 1992.

Notas de diarios:

Votan contra corridas de toros 21 diputados (Vanguardia): http://www.vanguardia.com.mx/votancontracorridasdetoros21diputados-1118982.html

“Sobre mi cadáver”: Herrerías (El Universal): http://www.eluniversal.com.mx/deportes/130215.html

Prohibir las corridas de toros: la economía y la ética entran al ruedo (Vivir México): http://vivirmexico.com/2011/10/toros-economia

Anuncia campañas contra corridas de toros en el DF (El Universal): http://www.eluniversal.com.mx/notas/799937.html

Inician asambleístas sondeo para prohibir corridas de toros (Crónica): http://www.cronica.com.mx/nota.php?id_nota=610644


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10 thoughts on “La prohibición de las corridas de toros, una pugna con historia

  1. Excelente entrada. Yo estoy a favor de la permanencia de las corridas. En mi caso soy uno de esos que la considera como tradición y como parte de la cultura que está arraigada hasta cierto punto desde hace muchos años. Es cierto que las corridas de toros han cambiado en su ejecución, sin embargo, sigue teniendo la misma esencia. Al final mas lo que yo defiendo es el derecho a elegir por parte de la gente sus gustos… pero en fin… la historia lo dirá

    1. Buen día Miguel, muchas gracias por tu amable comentario. Sin duda el tema de la prohibición (o abolición como manejan algunos) de las corridas de toros es espinoso y polariza a diversos sectores de la sociedad. Como te habrás dado cuenta, yo me ubico del lado de aquellos que preferirían ver este tipo de prácticas prohibidas. Sin embargo y como tu mismo lo mencionas, debe ser tomada en cuenta la enorme diversidad de opiniones y debatir el tema con amplia tolerancia.
      Ya veremos como resuelven esto nuestros legisladores. Por lo pronto el asunto está caliente en el DF y Coahuila.
      Saludos y gracias nuevamente por compartir tu opinión al respecto.

  2. Está claro que a muchos empresarios no les interesan la tradición ni el desempleo. A muchos de ellos nisiquiera les interesa el concepto “identidad” mientras sigan obteniendo jugosas ganancias. Así que el “defender el empleo” y “la tradición” no es más que un pretexto de paso para defender la promoción de prácticas tan primitivas y antimorales con fines lucrativos. Como aquellos que cometen masacres “en nombre de la moda y el buen gusto” y de paso lucran con ello.

    Aprovecho para felicitarle por un excelente artículo y éste excelente blog.
    Siga compartiendo tan interesantes temas.

    1. Muy buen día Carlos, muchas gracias por tu comentario y tus felicitaciones. Sin duda el tema de la abolición es polémico y mueve muchísimos intereses económicos, sin duda el motivo principal que explica la permanencia de tales “tradiciones”.
      Un gusto leer tu opinión al respecto. Saludos y estamos en contacto.

      1. Excelente comentario Carlos. Hablo desde Ecuador donde también se está sufriendo un cambio radical respecto al tema. Ya era hora que como seres humanons evolucionemos como especie racional. Comparto el hecho que a los empresarios solo les importa sus bolsillos y no “la tradicíón” y “el desempleo”. Pues como ya sabemos su preocupación está en cuanto dinero van a dejar de ganar, una vez mas vemos ahi como la gente se deja llevar mas por el dinero que por la moral y la ética.

        Abrazos desde Ecuador..

    2. Excelente comentario Carlos. Hablo desde Ecuador donde también se está sufriendo un cambio radical respecto al tema. Ya era hora que como seres humanons evolucionemos como especie racional. Comparto el hecho que a los empresarios solo les importa sus bolsillos y no “la tradicíón” y “el desempleo”. Pues como ya sabemos su preocupación está en cuanto dinero van a dejar de ganar, una vez mas vemos ahi como la gente se deja llevar mas por el dinero que por la moral y la ética.

      Abrazos desde Ecuador..

      1. Alberto, agradezco que te decidieras compartir tu opinión. No sé cómo anden las cosas en Ecuador, pero en México las cosas parecen no avanzar entorno a la abolición de la fiesta brava. Agréguese que este domingo se celebra una de las más (o la más) importantes corridas de la temporada (5 de febrero). Parece que han podido más los intereses comerciales y económicos.

        Gracias por tu comentario en esta entrada.

        ¡Saludos hasta Ecuador!

  3. Me gusta el ensayo, me parece bien documentado, considero un acierto que se analice el tema desde la cultura. En ese sentido, creo que es importante también considerar que esta costumbre es practicada por las comunidades indígenas, particularmente las etnias maya de la península de Yucatán. Como estudioso que he sido de los usos y costumbres electorales en Oaxaca, no me parece correcto su abolición o prohibición, lo cual sería etnocentrismo, aparte de intolerante. En mi experiencia como antropólogo y estudioso del tema, he aprendido que el reconocimiento y la coexistencia pacífica de los usos y costumbres con el derecho positivo y la cultura nacional, depura, pule e incluso anula los “malos” usos y costumbres, que también los hay.

    Te recomiendo el siguiente artículo de los excelentes antropólogos Andrés Medina y Javier Rivas Cetina sobre las corridas en Yucatán, así como la visita al nuevo blog que he abierto motivado por el presente tema, aquí las ligas:

    http://www.revistas.unam.mx/index.php/ecm/article/view/27063

    http://www.columnadigitalprofunda.blogspot.com/

    1. Luis, muchas gracias por tu comentario,
      No cabe duda que el tema es extremadamente amplio y que puede ser abordado por enorme cantidad de enfoques lo que, necesariamente, nos lleva a una variedad de posturas y puntos de vista. Agradezco compartieras la tuya y me (nos) dejaras otras fuentes de referencia para entender mejor esta complicada y polémica “costumbre”… Les echaré un ojo…
      ¡Saludos!

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