El honor mancillado: Un código de duelo para México

El duelo, entendido como la pugna entre dos individuos ocasionada por la afrenta al honor de alguno de los contendientes, y usada para lavar dicha afrenta con la sangre del ofensor, es una de las formas más antiguas de que ha echado mano las diferentes sociedades en todos las épocas para dirimir sus diferencias.

Una de las primeros ejemplos del duelo se encuentra en la famosa epopeya de Homero, La Ilíada, donde se ejemplifica uno de los duelos mejor conocidos en la historia, la de Paris contra Menelao frente a las murallas de Troya, guerra que había estallado debido al rapto de Helena por Paris (esposa de Menelao), y que se había acordado en zanjar mediante el enfrentamiento y muerte de uno de estos dos personajes. Sin embargo el duelo se ve interrumpido por Afrodita, por lo que la guerra continúa y Paris queda deshonrado (si, aún más).

En la antigüedad clásica encontramos la batalla librada por los tres Horacios, hermanos romanos que pelearon contra otros tres hermanos, los Curiacios, ciudadanos de Alba Longa, ciudad con la que Roma se encontraba en guerra. Para no envolver a ambas ciudades en una largo y sangriento enfrentamiento, se acuerda que los trillizos de ambas de ciudades peleen en nombre de sus respectivos ejércitos, y frente a ellos. La lucha concluye cuando dos de los Horacios mueren, dejando heridos a los tres Curiacios, por lo que el último de los representantes de Roma puede dar cuenta de ellos, obligando a Alba Longa a someterse a las exigencias romanas.

Juramento de los Horacios - Jacques-Louis David

Sin embargo, conforme fueron sucediéndose las diversas etapas de la historia, el duelo fue viéndose cada vez más como un acto criminal, con la consiguiente necesidad de prohibirlo. La literatura una vez más nos ofrece ejemplos al respecto, uno de ellos ubicado en la Rusia Imperial y proveído por León Tolstoi en su obra Guerra y Paz, quien narra las desavenencias de dos personajes (uno militar y otro aristócrata) que llegan a las armas por una cuestión de honor. El problema era que el Zar Alejandro I había prohibido dicha práctica, por lo que el perdedor del duelo, herido, debe incluso exiliarse para ponerse a salvo de la acción de la ley.

Otro ejemplo, esta vez de la mano de Alexandre Dumas en su obra El Conde de Montecristo, nos representa al protagonista de la obra y a Albert de Morcerf, quien reta al primero por haber atacado la reputación de su padre y familia, diferendo que termina con la mediación de Mercedes.

codigo duelo2Pero, ¿Cómo permeó esta antigua tradición en el México de fines del siglo XIX y principios del XX? La respuesta podría ser: “ampliamente”, pues sus costumbres provenían de una nación europea en la que, como en todas, el duelo fue una práctica común. Sin embargo, para el siglo XIX el conde de Chatauvillard escribió en Paris su famoso Essai sur le duel, que fue conocido y usado en diversos países europeos y americanos, entre los que no se encontraba exento México. Sin embargo, el Ensayo tenía el inconveniente de no tomar en consideración problemáticas más que meramente francesas o, en el mejor de los casos, europeas, sin tomar en cuenta las diversas variantes económicas, sociales, legales, etc., de otros países, por lo que su aplicación podía ser confusa o hasta imposible debido a la gran cantidad de escenarios que no estaban contemplados en dicho ensayo.

codigo dueloPor ello, el diputado y coronel Antonio Tovar se dio a la tarea formar su propio reglamento de duelo, titulado Código nacional mexicano del duelo, publicado en 1891 y que pretendía sustituir al ensayo del conde de Chatuvillard, tan extendido ya para esa época. El verdadero valor del código de Tovar fue que su compilación de artículos se basó precisamente en las condiciones específicas de la sociedad mexicana, pues estas no podían compararse con las francesas, y menos las de la época en que el Esai había sido publicado (más de medio siglo). Así, una de las adiciones más importantes y que más llaman la atención es a los artículos que se refieren a los periodistas, pues debe recordarse ante la ausencia de partidos políticos durante el Porfiriato, fue en la prensa donde se dieron los grandes debates políticos de la época, muchas veces con escritos muy subidos de tono que dañaban la “honorabilidad” de individuos, familias y organizaciones enteras, pero que quedaban impunes debido al anonimato tras el cual se escudaban muchos escritores. De esta forma los artículos (10, 11, 12 y 13 del segundo capítulo) buscaban hacer firmar a todos los periodistas sus escritos, quedando de lo contrario como responsable el director del periódico en que se hubiese publicado alguna calumnia u ofensa.

Como en muchos otros países, el duelo se encontraba prohibido en México, lo que no fue obstáculo para que dicho código se publicara y fuese aprobado por una junta de reconocidos ciudadanos. Este reglamento hacía alusión a diversas leyes civiles, penales y de la ordenanza militar, y estaba llamado a ser una especie de apéndice de éstas. Sin embargo, no parece que el gobierno hubiese hecho mucho caso a los esfuerzos de Tovar por instituir el duelo, a pesar de las bien fundamentadas consideraciones que en su favor esgrimió en su propia obra. Sostenía, por ejemplo, que:

No es, como pretenden algunos moralistas soñadores, el duelo un mal sino un remedio; ni son sus leyes represivas el mejor medio de impedirlo. Los países en los que la ley penal alcanza grados de rigor y de severidad verdaderamente aterradores, no han llegado, por cierto, a resultados más felices que aquellos países en los que por largos periodos de tiempo se ha guardado silencio en la legislación respecto de este delito: el duelo, plenamente sancionado en las dignificadoras intransigencias del honor, y que las sociedades aceptan en la infalibilidad de su conciencia, como el efecto lógico de su estructura moral […] Mucho se ha escrito y legislado condenando el duelo, las más de las veces bajo las impresiones del momento, empapando la pluma en la sangre humeante de un duelista; y la práctica está ahí, en pie, sin perder una pulgada de su terreno, lo que a falta de otras muchas razones que abundan, probaría que el duelo es una necesidad social.

Probablemente México haya sido en esa época uno de esos países en los que, consignando el duelo como un delito (homicidio), haya guardado silencio sobre muchos hechos de sangre aun cuando se hubiese sabido sobre los duelistas y sus motivos, razón por la cual se preocupó Tovar por formar su código. Afirma además que no se encontraba a favor del duelo por una simple afición a la sangre o a la violencia, sino por una inquietud respecto a que no se efectuaran lances en desigualdad de condiciones para ambos duelistas:

Yo no deseo que se establezca la ley del más fuerte, no; pero sí deseo que el hombre, siguiendo el gran principio de la igualdad, se haga respetar hasta de los poderosos, siempre y que sea por el camino del honor. El que antes de llamarse camino del honor, se llamó Juicio de Dios, no fue ni es otro que el duelo. Antiguamente se creía que aquel de los contendientes que salía triunfante en un lance, había sido protegido por la mano de Dios; y por consiguiente, había sido el que llevaba la razón. Esto preocupaba al delincuente y le amedrentaba al grado de dejarse vencer aun por un contrario débil; pero en todas las épocas ha habido descreídos que, no obstante ser culpables, han sido más diestros y han triunfado. De aquí ha venido la necesidad de establecer ciertas leyes para estos lances, a efecto de conceder más probabilidades de triunfo o más facilidad para que el ofendido castigue.

En fin, sin duda debió resultar un tema polémico para la época, toda vez que el duelo fue algo más común de lo que se cree. Y para ejemplo, uno de periodistas: Cuando Santiago Sierra (hermano del eminente pensador y fundador de la Universidad Nacional,  Justo Sierra) se hizo de palabras a través de diversos escritos con su rival de profesión, Ireneo Paz (abuelo del premio Nobel de Literatura Octavio Paz), y se lanzó el reto, ninguno de los dos se acobardó y acordaron el duelo. El trágico resultado fue la muerte de Santiago y la pérdida de una de las más brillantes plumas del XIX mexicano. Hasta donde sé, Paz no recibió castigo, lo que podría mostrar, —si en verdad salió ileso de acusaciones legales— aquello de que las autoridades ignoraban a propósito dichas actividades.

Para terminar, un poco sobre la estructura del código de Tovar: Se encuentra dividido en cinco capítulos con una serie de artículos en cada uno de ellos. El primero trata sobre las ofensas. El segundo sobre el reto; el tercero sobre las “condiciones indispensables para el uso de los derechos y cumplimiento de los deberes que respectivamente otorgan o imponen las leyes del Duelo — Militares — Periodistas”. El cuarto hace referencia al tipo de armas permitidas; y el quinto sobre el duelo en sí.

Después de leer el código (muy breve por cierto, apenas 70 páginas), uno puede darse cuenta del enorme peso que tenía, o tiene, la necesidad de la élite rectora porfiriana de reglamentar todos y cada uno de los actos en la sociedad, aun aquellos que tratan sobre la muerte. También queda al descubierto en al menos uno de sus artículos la profunda desigualdad social, pues si se comprobaba que uno de los involucrados en un reto de duelo era “tahúr de profesión”, no podía someterse a las leyes del duelo redactadas por Tovar.

Sin duda este un tema apasionante y que da mucho para la investigación histórica, pues hasta donde yo sé, no se ha tocado el duelo como tema o subtema de algún estudio social, por ejemplo.

Video que representa un duelo en el Bosque de Chapultepec en 1896

Duelo de pistolas en Chapultepec, 1896

Fuentes:

TOVAR, Antonio, Código nacional mexicano del duelo, 1821: Link del texto completo en PDF próximamente.

Conde de Chatauvillard, Essai sur le duel, 1836: http://www.archive.org/details/essaisurleduel01chatgoog


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