Los Rurales, ¿orígenes de la policía federal mexicana?

A detachment of Mexican Rurales in field unifo...
A detachment of Mexican Rurales in field uniform during the Diaz era. (Photo credit: Wikipedia)

Recientemente fue dado a conocer en los medios de comunicación un lamentable suceso en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM), en el que se vieron involucrados efectivos de la Policía Federal, tan apoyada por la actual administración calderonista, y que terminó con un saldo de tres elementos asesinados por sus propios compañeros, quienes presuntamente estaban a punto de ser arrestados por estar complicados en asuntos del narcotráfico.

Lo anterior hizo que me formulara algunas interrogantes: para empezar ¿cuál sería el origen histórico de la actual Policía Federal? ¿Habría tenido problemas similares de corrupción? ¿Qué se hizo para combatirlos? En fin, después de meditarlo un poco, me pareció que el antecedente “moderno” más ligado a la policía federal mexicana es el de la Policía Rural de la Federación, conocidas más comúnmente como Los Rurales, corporación que si bien tiene su nacimiento en 1857, no conoció su verdadero esplendor sino hasta bien entrado el Porfiriato.

01 - Oficiales de un cuerpo con sus uniformes de Gala
Oficiales de un cuerpo con sus uniformes de Gala.

Pero, ¿por qué he ligado a los rurales de la federación de épocas de don Porfirio con la actual Policía Federal? Por un sólo argumento que parecerá endeble a algunos: porque ambas corporaciones responden (respondían, en el caso de los rurales) sólo a los dictados del gobierno federal, además de que la policía federal tiene presencia nacional, cosa que sucedió con los rurales, aunque en un escala menor, pues su concentración podía darse en algunas regiones del país, dejando a otras sin su presencia. Además de que el propósito fundamental de los rurales era el resguardo de los caminos, situación que aún hoy podemos ver, pues normalmente la policía federal puede ser encontrada en carreteras federales, sin notar su presencia en las ciudades y municipios.

Localización de los destacamentos de rurales en 1910

En fin, ¿cómo nacieron, entonces, los Rurales de la Federación, que tan profunda huella iban a dejar en el inconsciente mexicana de fines del siglo XIX y principios del XX? Pues bien, según Paul Vanderwood, los orígenes de este cuerpo policiaco se encuentran en la guardia de seguridad creada el 16 de enero de 1857, la que era directamente controlada por el gobierno federal y, llegado el caso, sus miembros podían ser usados como efectivos de segunda línea del ejército. Años más tarde, ya iniciada la guerra de Reforma, el conservador Félix Zuloaga creó, con base en la Guardia de Seguridad, una fuerza de policía rural para el resguardo del camino de Veracruz a México (por su importancia para el transporte de caudales, mercancías y personas) con el ánimo de que los estados y municipios la emularan y sirviera para acosar a las tropas juaristas.

02 - Un historiador militar, J Hefter, pintó asi a un rural
Un historiador militar, J Hefter, pintó asi a un rural.

No obstante, las fuerzas liberales de Benito Juárez lograron derrotar al ejército conservador y, a cuatro meses de establecido el nuevo gobierno en la ciudad de México, éste se avocó a restablecer el orden perdido con la guerra, por lo que, una vez nombrado el general Ignacio Zaragoza como titular del Ministerio de la Guerra, y dada su experiencia en combatir a los salteadores de Puebla, se creó formalmente la fuerza mexicana de policía rural, Los Rurales. Así, el 6 de mayo de 1861, por decreto del gobierno, se levantaron “cuatro cuerpos de policía rural para la seguridad de los caminos”. Más tarde, durante la intervención francesa, los rurales fueron refundidos con el ejército regular para llevar a cabo ataques de hostigamiento en contra del ejército francés, con frecuencia exitosos.

Iniciado el Porfiriato, los rurales recibieron mayor apoyo, pues el presidente Díaz había quedado impresionado por su actuación durante la ocupación francesa. De esta manera,  los rurales, por estar preparados para un país precisamente rural, habrían de ser de mucha ayuda para mantener el orden una vez que se afianzó el régimen. A partir de entonces la institución crecería hasta alcanzar su apogeo, varios años más tarde.

07 - El general Porfirio Díaz observa su policia rural desde el balcón del palacio presidencial
El general Porfirio Díaz observa su policia rural desde el balcón del palacio presidencial

Además, al fortalecer a este cuerpo, se lograrían simultáneamente varios objetivos: primero, contar con una fuerza armada que estuviera sujeta al gobierno federal (distinta del ejército, pues este se encontraba en franca reducción y su uso sería limitado a conflictos graves) y en la cual pudiera confiar, elevando la cantidad de efectivos dedicados al exterminio del bandolerismo y, en general, de toda transgresión que pudiese surgir en el ámbito rural; segundo, al incorporar a los oficiales y soldados del bando tuxtepecano que habían participado en la reciente revolución con la que Díaz había llegado al poder, se les otorgaba una suerte de reconocimiento al proveerlos de un empleo no muy diferente al que habían ejercido como tropas sublevadas, previniendo así que esta gente, al tornarse ociosa, se uniera a las gavillas de bandidos; tercero, en muchas ocasiones se reclutó a los bandidos indultados, lo que reducía el número de ilícitos a perseguir y reforzaba —aunque con ciertas reservas— a las “fuerzas del orden”.

Los rurales comenzaron a prestar sus servicios en las poblaciones del campo, dándose a conocer el Reglamento para el servicio de la policía ruralel 14 de junio de 1880, cuya dirección recayó en el jefe de la sección 3ª de la Secretaría de Gobernación, denominado “Inspector general de policía rural”, (cap. I art. 1º); de acuerdo con el reglamento dicho inspector era nombrado por el presidente de la República de entre los jefes del ejército, y tenía a su cargo todo lo relacionado con dicha fuerza (cap. II art. 1º). El personal de una compañía se formaba por un cabo 1º, tres cabos 2º y setenta y dos guardas, doce de los cuales debían fungir como sargentos (cap. III art. 1º). Los aspirantes debían cumplir diversas condiciones para ser admitidos en el cuerpo: ser ciudadano mexicano, acreditar buena conducta, saber leer y escribir, tener más de 20 y menos de 50 años, ser diestro para el manejo del caballo y su cuidado, tener buena constitución física y “despejo intelectual”, así como presentar a un fiador que respondiera por el valor del vestuario y del equipo (fracciones 1ª a 6ª del art. 5º cap. III). La policía rural tendría como “objeto exclusivo” el cuidado de los caminos, ayudar a la policía urbana, otorgar garantías a los ciudadanos, evitar en lo posible los delitos, perseguir, aprehender y poner a disposición de las autoridades competentes a los criminales (cap. IV art. 1º). Este último punto, precisamente, nos recuerda a las labores que hoy día lleva (o debe llevar) a cabo nuestra policía federal.

Captura

Hasta aquí todo es miel sobre hojuelas y parece prometedor, sin embargo la realidad política, social y económica del país hizo lo suyo para que lo plasmado en papel no fuese seguido al pie de la letra y se dieran diversas irregularidades, algunas de ellas muy graves y que recuerdan a la actual corrupción que padecen nuestras instituciones de seguridad pública, pues a pesar de depender del Ministerio de Gobernación, tener un inspector general que los supervisaba, y un extenso reglamento que normaba todas sus actividades desde el reclutamiento hasta el cese de sus miembros, pasando por los sueldos, facultades, vestimenta, etc., la institución de la policía rural padeció de los mismos defectos que sufrían otras corporaciones porfirianas, tales como la excesiva centralización, por lo que en muchas ocasiones los rurales perdieron la iniciativa, limitándose a esperar ordenes del centro del país.

Por ejemplo, los sueldos de los efectivos de esta institución eran, por lo general, iguales o superiores a los de sus contrapartes pertenecientes al ejército regular —aunque algunas veces por irregularidades de los oficiales éstos se veían considerablemente disminuidos—, no obstante lo cual, la tasa de deserción era sumamente elevada. Por lo general, se acusó a sus miembros de ser ebrios consuetudinarios[1], bandidos, ignorantes y abusivos, epítetos que si bien muchos de ellos merecían, no podían generalizarse a todos los efectivos de la institución, pues hubo notables charros mexicanos que cumplían con su deber y fueron el orgullo de la organización. Eran éstos quienes, por lo general, aparecían en los desfiles.

10 - Siendo campesinos ellos mismos, los rurales solían mezclarse con la gente a la que vigilaban
Siendo campesinos ellos mismos, los rurales solían mezclarse con la gente a la que vigilaban
08 - Espléndidos en los desfiles, los rurales eran siempre aclamados
Espléndidos en los desfiles, los rurales eran siempre aclamados.

Las deficiencias de hábitos, educación y origen de muchos rurales, se acentuaban por la política que Vanderwood llamó de “manga ancha”, que permitía pasar por alto las irregularidades cometidas tanto por oficiales como por rurales rasos, con el único fin de mantener la lealtad del cuerpo pues, “como los rurales no sólo contribuían a la conservación de la paz interior, sino que también eran un factor de estabilidad política para la dictadura, se les permitía un amplio margen de la interpretación de lo que se consideraba el cumplimiento de su deber” (lo que derivaba en el incumplimiento del mismo, así como en innumerables abusos). Esta política fue la que les labró una pésima fama entre la población rural.

11 - Para que se viera que a los rurales no se les escapaba nadie, a menudo se retrataban con un
Para que se viera que a los rurales no se les escapaba nadie, a menudo se retrataban con un preso.
12 - En ocasiones los rurales se encargaban de aplicar las sentencias de muerte dictadas por los
En ocasiones los rurales se encargaban de aplicar las sentencias de muerte dictadas por los jefes políticos.

A estas alturas habría que preguntarse si la actual policía federal goza, como los rurales porfirianos, de una política de “manga ancha” que les permita hacer y deshacer, pues son muchos los testimonios de corrupción de sus efectivos, aclarando desde luego que no es posible generalizar, pues debe de haber dignos policías que trabajen en pos de una sociedad más justa y la defienda, como tienen la obligación de hacerlo.

La Policía Rural de la Federación fue tan sólo uno de los tantos cuerpos armados que, durante el Porfiriato y aún antes, se crearon para combatir el bandolerismo, mantener la gobernabilidad y en fin, ayudar a pacificar un país que venía saliendo de décadas de inestabilidad, y que ya se encontraba habituado a los alzamientos, asonadas y demás acciones desestabilizantes. De esos otros cuerpos, como la Guardia Nacional o la Policía Rural Estatal, pretendo hablar en próximas entradas de este blog.

Nota: Todas las imágenes referentes a rurales, fueron tomadas del libro de Paul Vanderwood, Los Rurales Mexicanos, citado más abajo.


[1] El art. 18º del cap. IV prohibía expresamente la ebriedad: “Todas las personas que pertenezcan a las fuerzas de policía rural, observarán siempre una conducta digna. Les está absolutamente prohibido, entrar a las tabernas y pulquerías con el objeto de tomar bebidas embriagantes […]”.


Para saber más:

“Agentes asesinados iban por red de funcionarios”, El Economista, 25 de junio de 2012: http://eleconomista.com.mx/sociedad/2012/06/25/agentes-asesinados-iban-red-funcionarios

ARROYO GARCÍA, Israel, “El péndulo: consenso y coacción a través de la intervención federal en México, Brasil y Argentina”, en, Ricardo FORTE y Guillermo GUAJARDO (Coords.) Consenso y coacción: estado e instrumentos de control político y social en México y América Latina, siglos XIX y XX, México, Centro de Estudios Históricos, El Colegio Mexiquense, 2000, pp. 359-387.

LUNA ARGUDÍN, María, “Entre la convención y el consenso: el Presidente, el Congreso de la Unión y la intervención federal en los estados”, en Ricardo FORTE y Guillermo GUAJARDO (Coords.) Consenso y coacción: estado e instrumentos de control político y social en México y América Latina, siglos XIX y XX, México, Centro de Estudios Históricos, El Colegio Mexiquense, 2000, pp. 359-387.

SÁNCHEZ ROJAS, Luis Ignacio, Veracruz: Fuerzas armadas y gobernabilidad durante el Porfiriato (1876-1907), Monografía para obtener el grado de Licenciado en Historia, Universidad Veracruzana, Xalapa, Veracruz, 2009, 121 pp.

VANDERWOOD, Paul J., Los rurales mexicanos, México, Fondo de Cultura Económica, 1981, 247 pp.

Reglamento para el servicio de la policía rural: http://cdigital.dgb.uanl.mx/la/1080078886/1080078886.html


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