El reclutamiento forzoso durante el siglo XIX mexicano

Español: La Batalla de Miahuatlán tuvo lugar e...
Español: La Batalla de Miahuatlán tuvo lugar el 3 de octubre de 1866 en las inmediaciones de la población del actual municipio de Miahuatlán de Porfirio Díaz en el estado de Oaxaca, México, entre elementos del ejército mexicano de la república, al mando del general Porfirio Díaz y tropas francesas al servicio del Segundo Imperio Mexicano. (Photo credit: Wikipedia)

Los ejércitos modernos, como bien sabemos, nutren sus filas y diversas jerarquías con ciudadanos que han elegido –ya sea por gusto, necesidad o convicción– seguir la vida de las armas. Es decir, todo aquel miembro de las fuerzas armadas ha entrado al servicio por voluntad propia. Sin embargo, esto no fue siempre así, al menos no en lo que concierne a México, en especial durante el siglo XIX.

En realidad, conseguir individuos para llenar los reemplazos del ejército mexicano, apenas concluidas las luchas de independencia, fue algo de lo más complicado por diversos factores: en primer lugar, la concientización de los “nuevos ciudadanos” respecto a la soberanía recién ganada no había echado raíces profundas, por tanto, la idea de tener que ir a servir bajo las banderas del ejército, es decir, de arriesgar la vida por una patria que ni siquiera podían imaginar, era algo absurdo y, por mucho, indeseable. Otro factor fue, precisamente, el riesgo implícito de la profesión militar, pues la posibilidad de recibir un daño que dejara impedido físicamente de por vida al afectado, o resultara muerto en un enfrentamiento, era una posibilidad más que real y a la que pocos estaban dispuestos a arriesgarse. Además, las exigencias del servicio imponían diversas penalidad a los soldados: mal comer, mal dormir, ser tratados con desdén por sus superiores, soportar entrenamientos agotadores y marchas interminables, tampoco estaban consideradas, precisamente, como actividades deseables. Y si encima los sueldos, aparte de escasos, tardaban en ser pagados o, de plano, nunca llegaban a manos de los interesados –ya sea por la deshonesta mano de algún oficial avaro, o porque de verdad el gobierno se viera en dificultades de cumplir pecuniariamente–, volvía al servicio en el ejército como algo de lo que cualquier persona cuerda debería de alejarse. Los anteriores, tan sólo por citar algunos de los factores.

Pues bien, como de cualquier forma los reemplazos en el ejército eran en todo punto necesarios, en especial en aquellas tumultuosas épocas en las que los pronunciamientos militares, y las guerras extranjeras fueron algo común en suelo mexicano (por desgracia para nuestro país), el gobierno hubo de tomar las medidas necesarias para proveerse de los efectivos que tanto necesitaba y, para ello, hubo de legislar al respecto.

Como resultado, se publicó el decreto de 24 de agosto de 1824, Contingentes de hombres para el reemplazo del ejército, y que contenía diversos artículos que tuvieron como objetivo normalizar el proceso de reclutamiento que servirían en el ejército. Sin embargo, el artículo 3o de dicho decreto dejó en manos de las legislaturas estatales la forma en que el reclutamiento debía de ser llevado a cabo:

3. Para colectar este cupo, las legislaturas de los estados respectivos harán las leyes o reglamentos que tengan por convenientes.

Como se aprecia, no hay mención por parte del gobierno central en lo que respecta a las formas y procedimientos para llevar a cabo el levantamiento del “contingente de sangre” requerido. Esto fue aprovechado por las entidades para legislar a su conveniencia. Es importante mencionar que en esa época (y durante todo el XIX, hasta la llegado del general Porfirio Díaz a la presidencia), los estados vieron en el gobierno central un poder que intentó, por todos los medios posibles, de sujetarlos a los lineamientos de sus políticas. Por ello, los diversos gobiernos estatales estuvieron interesados en obstaculizar todos los intentos del gobierno central por dominarlos. Y como la herramienta más importante del gobierno central para lograr hacer sentir su autoridad en toda la República era el ejército, las entidades trataron de evitar la conformación de un ejército fuerte y disciplinado.

El ya citado artículo tercero del decreto de 24 de agosto de 1824 les dio, precisamente, esa oportunidad. Michoacán, México y Oaxaca fueron de los primeros en poner en práctica sus recién adquiridas facultades de reclutamiento, y legislaron sobre las características que habría de tener los individuos que formarían el cuerpo de reemplazos. Para empezar, debían de ser individuos ociosos, vagos y demás que no tuvieran oficio o modo de vivir conocido, los viciosos, los desertores, los malentretenidos y (en la legislación oaxaqueña se agregaban además), a los que estuvieran en la cárcel por “malos esposos, estafadores o ebrios […] y aquellos que por notoriedad y púbica voz sean revoltosos.

Los reglamentos de Puebla, San Luis Potosí, Querétaro y Guanajuato siguieron, en términos generales, las líneas ya planteadas por Michoacán, México y Oaxaca. Con esto, las legislaturas estatales esperaban poder alcanzar tres objetivos: el primero, debilitar al ejército central enviando a él todos los “elementos perniciosos” de sus regiones, con lo que provocarían una baja mora, un escaso rendimiento y la deserción de tropas, lo que acentuaría la inefectividad del ejército en el caso de que el poder central decidiera enviarlo a alguno de los estados para poner las cosas en orden. Así lo plantea el Dr. José Antonio Serrano Ortega:

Detrás de los reglamentos del decreto de reemplazos de 1824, existía el intento, por parte de las legislaturas estatales, de obstaculizar la consolidación de un ejército permanente que auxiliara al gobierno nacional en el control y administración de los territorios, donde imperaban los intereses locales. Los poderes locales temían un poder central que les disputara la hegemonía política, militar y económica en sus territorios. Estos intereses empobrecían al gobierno nacional puesto que no remitían su su contingente fiscal a la Hacienda nacional y por el contrario, cubrían su contingente de reemplazos con todos aquellos grupos sociales perniciosos a la sociedad, y es fácil inferir que éstos desertarían a la primera oportunidad. Con las levas, las legislaturas estatales aceleraron y profundizaron un mal endémico presente desde la formación del ejército novohispano.

El segundo objetivo de los poderes locales al enviar a los elementos “perniciosos” de sus regiones, fue que, además de debilitar la consolidación del ejército vigoroso de que habla Serrano, también evitaban dañar la economía de sus propias regiones, pues no se enviaban a los elementos “honestos”, “trabajadores” y “productivos” a servir al ejército permanente, pues eso habría sido el equivalente a dañar la industria, el comercio y la agricultura ante la falta de los brazos necesarios para sostener esos ramos productivos. Serrano Ortega firma que,

[…] el ejército permanente era un medio propicio para deshacerse de los desempleados, los que tenían una moralidad condenable y los que causaban inestabilidad política a los estados. El ejército resultaba muy propicio para erradicar del estado a estos grupos peligrosos [además] Los ayuntamientos también estaban de acuerdo en arrojar al ejército a sus hombres improductivos y peligrosos, y no cubrir su contingente con grupos productivos como artesanos, comerciantes, jornaleros o peones. Además, con la amenaza de hacerlos soldados, las autoridades municipales podían influir en la moral de la población masculina.

El tercer objetivo perseguido por los poderes locales fue, simplemente, actuar conforme a la ley y cumplir con la cuota de reemplazos requerida por el Ministerio de Guerra y Marina, por mucho que enviaran tan sólo a los elementos “perniciosos” de sus regiones.

Aunque hubo quejas por parte del Ministerio de Guerra y Marina al respecto, el estado de cosas descrita permaneció durante todo el siglo XIX y, de hecho, puede decirse que se acentuó, pues durante todo este siglo los vagos fueron especialmente perseguidos, pues existió una “preocupación por controlar la vagancia con vistas a garantizar el orden público y social”, preocupación que se pensó podría ser solucionada con el enrolamiento de los vagos al ejército. Además, el país se encontraba “en un contexto signado por la depresión económica, la inestabilidad social y la necesidad de reclutar hombres para el ejército”. Por ello, se creó el Tribunal de Vagos el 3 de marzo de 1828, que funcionó hasta 1870. Si bien el tribunal cesó de existir, la tradición de persecución de vagos continuó todavía todo el Porfiriato.

Como es posible apreciar, este tipo de acciones redujeron considerablemente la posibilidad de que México tuviera un ejército vigoroso y moralizado, pues su base –la tropa– se encontraba conformada por la más “deleznable” parte de la sociedad mexicana. A este respecto, hubo autores (como Julio Guerrero) que trataron de hacer una clasificación de la sociedad mexicana, y encontraron siempre que eran los miembros de los estratos menos favorecidos los que componían la tropa del ejército.

Espero poder, en una entrada posterior, tratar este tema pero enfocándome en el periodo porfiriano, que es en el que me encuentro especializándome. Los dejo, pues, con algunas imágenes correspondientes a individuos de diversas armas del ejército de finales del siglo XIX.

Esta imagen, titulada “Soldado de infantería mexicano”, ilustra cómo lucía un soldado raso del ejército a fines del siglo XIX y, probablemente, también en las décadas anteriores.
“Corneta de la caballeria mexicana”, muestra también a un militar cuyo uniforme nos hace pensar más en las últimas décadas del siglo XIX que de años posteriores.
Tenemos aquí a un miembro de la caballería mexicana, también con un estilo más cercano a los finales del siglo XIX.
Aunque su vestimenta nos podría hacer pensar en un revolucionario mexicano a partir de 1910, así también pudo haberse visto la (escasa) caballería insurgente un siglo antes.

Fuentes:

AILLÓN SORIA, Esther, “Moralizar por la fuerza. El decreto de reformulación del Tribunal de Vagos de la ciudad de México, 1845”, en Clara E. LIDA y Sonia PÉREZ TOLEDO (comps.), Trabajo, ocio y coacción. Trabajadores urbanos en México y Guatemala en el siglo XIX, México, Miguel Ángel Porrúa/ Universidad Autónoma Metropolitana Iztapalapa, 2001, pp. 67-113.

ARROM, Silvia, “Documentos para el estudio del Tribunal de Vagos, 1828-1848. Respuesta a una problemática sin solución”, Anuario mexicano de historia del Derecho, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1989, vol. I, pp. 215-235. [Descarga o consulta]

Colección de órdenes y decretos de la Soberana Junta Provisional Gubernativa y Soberanos Congresos Generales de la nación mexicana, t. III, México, 1829. [Descarga o consulta]

GUERRERO, Julio, La génesis del crimen en México, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, México, 1996, 394 pp. [Descarga o consulta]

SÁNCHEZ ROJAS, Luis Ignacio, Conformación y evolución de las fuerzas armadas durante el Porfiriato, Tesis para obtener el grado de Maestro en Historia, Instituto de Investigaciones Históricas, Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, México, 2011, 227 pp.

SERRANO ORTEGA, José Antonio, El contingente de sangre, INAH, México, D.F, 1993, 149 pp.

TEITELBAUM, Vanesa, “La corrección de la vagancia. Trabajo, honor y solidaridad en la ciudad de México, 1845-1853”, en Clara E. LIDA y Sonia PÉREZ TOLEDO (comps.), Trabajo, ocio y coacción. Trabajadores urbanos en México y Guatemala en el siglo XIX, México, Miguel Ángel Porrúa/ Universidad Autónoma Metropolitana Iztapalapa, 2001, pp. 115-156

The armies of to-day; a description of the armies of the leading countries at the present time (1892), Harper & Brothers, New York, 1892. [Descarga o consulta]

Blog Odiseas 2008, “Ejércitos en el siglo XIX”.


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9 thoughts on “El reclutamiento forzoso durante el siglo XIX mexicano

  1. buena investigación, excelente análisis, la historia oficialista nos tiene con muchas lagunas históricas, espero con mucha atención tu publicación sobre el ejercito porfirista.

    1. Muchas gracias por tu amable comentario César. Espero poder escribir sobre el reclutamiento en las épocas de don Porfirio en enero, cuando tendré una carga de trabajo menor, pero si te interesa, tengo un texto en el que hablo a grandes rasgos de la política que el general Díaz tuvo para con el ejército durante el dilatado periodo de su mandato; lo puedes checar aquí:
      https://facetashistoricas.wordpress.com/2012/09/22/el-colapso-de-las-armas-nacionales-la-poltica-de-debilitamiento-del-ejrcito-federal-y-sus-consecuencias-en-vsperas-de-la-revolucin/
      Al final del post puedes encontrar el link al texto completo en PDF, si te interesa leerlo o descargarlo.

      Saludos y gracias nuevamente.

  2. Hola colega, yo también estudie historia y estoy haciendo algo que tiene que ver con el Tribunal de vagos que tu mencionas, en especial la etapa final del mismo (1867-1870). Solo que hasta ahorita no he encontrado fuentes bibliográficas, o de otra índole, que profundicen en ese periodo en especifico. Según mis fuentes, el Tribunal de vagos termina en 1867 con la republica restaurada ¿De dónde sacaste el dato que mencionas que el Tribunal de vagos termino en 1870 y se siguió persiguiendo a los vagos posteriormente?, ¿Dónde podría encontrar algo al respecto?, ¿Qué me recomiendas?

    Posdata: El material que tu mencionas en tu bibliografía (que ya también consulte) no llega al periodo que me interesa. Espero y me respondas no muy tarde.

    1. Buen día Alejandro, por el momento no tengo acceso la fuente con la fecha exacta en la que el Tribunal de Vagos queda abolido, pero trataré de checarlo a la brevedad.
      Referente a mi afirmación respecto a la continuación de la persecución de vagos posteriormente a esa fecha, la baso en la investigación que realicé durante la maestría, centrada en el ejército porfiriano, y encontré que si bien el Tribunal cesa de existir, no sucede lo mismo con la tradición de perseguir a los vagos como un elemento nocivo de la sociedad que debe corregirse. Esto se agudiza durante el Porfiriato debido a las nuevas corrientes de pensamiento de intelectuales y clases rectoras, que buscan un nuevo orden en el cual las cuestiones como la educación, la higiene, las buenas costumbres, la laboriosidad, son esenciales para el progreso de la sociedad. De esta forma, son perseguidos especialmente los vagos y los indígenas, por ser considerados porciones atrasadas de la sociedad que deben ser educadas, reformadas, regeneradas para que puedan incluirse en la nueva y moderna sociedad que desde arriba trata de construirse. Estos personajes terminaron por lo general en las filas del ejército, institución vista por las clases rectoras como un instrumento para “civilizar” a los miembros de las clases menesterosas ya mencionadas.
      Probablemente pudieras encontrar algunos otros datos de interés en mi tesis, listada en las fuentes al final del post. Si no te es posible consultarla, posiblemente pueda enviártela en formato PDF.
      ¡Saludos!

      1. Muchas gracias por informarme colega, te lo agradezco mucho; solo que sigo teniendo dudas, ja ja, la primera es muy sencilla, y se trata de que solo quiero preguntarte ¿donde viste ese dato del final del Tribunal de vagos?, ya se q vas a consultar el dato en la fuente q me mencionas, y t lo agradezco mucho; pero quisiera q m dijeras ¿donde lo viste mencionado primero? Tal ves te hago bolas, pero sucede q a mi me sucede q cuando estoy investigando y veo un dato q m interesa, eso me remite a otra fuente donde se profundiza ese dato, ya q en la primer fuente solo se menciona superficialmente ¿no se si me explico?
        El otro problema es que no encuentro al final del post el link q m remita a tu tesis q m recomiendas. Perdon, ya se q es mucha molestia, pero ¿podrias enviármela por email en PDF? Mi email es: defensordlh@hotmail.com

  3. Excelente artículo, siempre me pregunte porque una nación de 8 millones(en esa epoca) siempre se enfrento a naciones extranjeras con un ejercito pequeñisimo que rara vez supero los 20 000 hombres, este artículo ha arrojado algo de luz en esta pregunta que muy pocos nos hacemos pero que es vital para la historia de nuestro país.

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