La instrucción militar como parte esencial de la educación civil durante el Porfiriato.

Escuela Industrial Militar, salon escolar, 1902
Escuela Industrial Militar. Salón Escolar. Año: 1902

Probablemente afirmar que la “educación” ha sido y es una de las actividades más importantes para el progreso de un país es innegable, y me parece que es una afirmación que ha durado ya muchos años. Prueba de esto es que en el México decimonónico, la educación fue considerada (y hasta cierto punto lo sigue siendo) como una “panacea” que ayudaría a desterrar de la nación todas las trabas que su traumática historia le había heredado, y que pondrían al país en las tan anheladas vías del desarrollo y el progreso. Esta forma de ver a la educación como remedio de todos los males cobró aún mayor fuerza con la llegada de la etapa de paz por la que es conocida (entre otras cosas, desde luego) el Porfiriato.

De esta forma, durante dicha época se desarrollaron una serie de preocupaciones por parte de la elite dominante tendientes a la regeneración de la sociedad, siendo la educación “una de las herramientas básicas con la que los grupos dirigentes imaginaron resolver todos los problemas del país a lo largo del siglo XIX”. La postura de los pedagogos e ideólogos de la época se avocó a la unificación del país por medio de la educación, proyecto que ahora se mostraba más posible de realizar, dadas las condiciones de paz, progreso y seguridad que para entonces ofrecía la nación.[1] De esta manera, lo que se buscó fue la implantación de una política educativa que formara ciudadanos con valores cívicos y morales, los cuales ayudarían activamente al progreso del país, cuestión que se vio traducida en una continua tarea de fomento por parte del Estado mexicano por “conformar una moral asociada con la ética por el trabajo”, creando así “un individuo afianzado en los valores del progreso y dedicado a una empresa productiva”.[2]

Así, se buscó “hacer de los educandos ‘ciudadanos particularmente mexicanos’, por lo que se recomendó que se les inculcara ‘el amor hacia la patria y a sus instituciones, así como el propósito de contribuir al progreso del país y al perfeccionamiento de sus habitantes”.[3] Una de las formas que los pedagogos e intelectuales de la época consideraron como de mayor eficacia para inculcar en los alumnos estas ideas patrióticas y cívicas, fue la instauración de la enseñanza de la historia, pues “estaba claro que la importancia de esta materia radicaba en la formación de ciudadanos cumplidos y de mexicanos unidos para lograr la paz, el progreso y, en caso necesario, defender la integridad nacional”.[4]

Manual escolar de historia general

Como es fácil imaginar, una política educativa cuyo fin fuera la creación de un nuevo tipo de ciudadano, comprometido activamente con la sociedad en la cual se desenvolvía, tenía que poner especial atención en la instrucción de los miembros más jóvenes de la misma. Así, “‘pensar a los ciudadanos en el siglo XIX pasaba por un proceso de diferenciación de la infancia como la etapa clave para cimentar y construir los nuevos valores”, lo que otorgó al periodo de la niñez una importancia vital, considerándolo “como el lugar privilegiado para la formación de esta moral”.[5]

Esta visión de la educación como “panacea social” fue compartida por diversos grupos dirigentes durante todo el Porfiriato, tal como la corriente higienista que tanta importancia cobró durante esta época.[6] Por su parte, algunos mandos superiores del ejército no fueron la excepción en cuanto a sopesar los benéficos resultados que podría traer la educación a los cuarteles.

Así, esta percepción permeó, y de manera considerable, el ámbito castrense mexicano, siendo Bernardo Reyes uno de los militares que mayor atención puso al problema de la educación en el ejército, pues ésta era especialmente importante en la profesión militar, ya que un error cometido por la falta de educación podía acabar con numerosas vidas. Según Reyes,

el filósofo que se extravía en una doctrina; el comerciante que yerra en un cálculo; el artista que puede embellecer su obra, pierden poco, su fortuna o su reputación de hábiles; pero el soldado que se equivoca acaba con millares de vidas, compromete o pierde la causa que defiende, destruye los elementos que se le confían; arruina a su patria.[7]

Por esto, la educación debía de ser una de las bases fundamentales que caracterizara a los elementos del ejército.

Además de lo anterior, la “ilustración” de la casta militar resultaba una tarea bastante importante, puesto que para la época porfiriana, el grueso de los soldados que conformaban la tropa del ejército carecían por completo de las más mínimas nociones de instrucción, lo que afectaba la composición interna de la institución militar, al no contarse con individuos con un ideal patriótico y que sirvieran en las armas con esmero, dedicación y convicción. El profesor militar Francisco Marín se refirió —con mucho desaliento—, a este hecho en 1907, afirmando que:

¡Dieciocho mil soldados sin educación intelectual ni moral, integran el Ejército Nacional compuesto de veinticinco millares de hombres…! […] Nuestra tropa es inculta, y lo será, hasta el ansiado instante histórico en que sea coronada la colosal obra de educación que realizan juntas la Secretaría de Guerra y la de Instrucción Pública.[8]

Pero si bien la educación era un asunto de la mayor importancia dentro de las instituciones militares, probablemente era aún mayor la preocupación del general Reyes por instaurar una educación de corte marcial en las escuelas de educación primaria, con el objeto de que no sólo los militares de carrera (ya fuesen soldados rasos, oficiales o jefes), sino que el grueso de la población pudiera acceder a la instrucción militar desde “su más tierna infancia”, esto con el propósito de que se inculcara en las mentes de la juventud mexicana una serie de valores cívico-marciales tendientes a generar un sentimiento unidad y amor a la patria, y el consiguiente deseo por defenderla.

Con este proyecto en mente, el general Reyes escribió dos ensayos en los cuales se dedicaba a desmenuzar los diversos problemas que aquejaban al ejército, así como las posibles propuestas para solucionar tales deficiencias. El primer ensayo se tituló Conversaciones Militares[9] y trató diversos deficiencias que aquejaban al ejército mexicano, pero no fue sino hasta el segundo, titulado Ensayo sobre un nuevo sistema de reclutamiento para el ejército y organización de la Guardia Nacional,[10] y publicado en 1885, en el que abordó el problema de la instrucción militar en las escuelas primarias de modo más directo.

Conversaciones militares

Ensayo sobre un nuevo sistema de reclutamiento

Así pues, Reyes propuso la introducción, con la ayuda y acuerdo de los gobernadores de los estados, de un moderado régimen semi-militar en todas las escuelas de la República, toda vez que, según el autor, para que la sociedad adoptara el servicio militar obligatorio, tenía que principiarse por inculcar en los niños y jóvenes el amor a la patria y el sentido del deber para con ésta, a todas las clases sociales de un modo práctico y de manera temprana, por lo que la solución se encontraba en implantar en los planes de estudio vigentes, cursos y prácticas que tuvieran que ver con la formación militar:

El plan general desarrollado por medio de adecuados reglamentos en que la disciplina tendría gran parte, consistiría en emplear las horas en que no hay ocupación expresa en los educandos, para iniciarlos del modo más ameno posible en las ideas y en las prácticas que sirven de preparación para obtener mayores conocimientos militares; pudiendo desde luego ser útiles a los jóvenes en caso de emergencia; enaltecida ya con educación tal, la virilidad de su espíritu y desarrollada higiénicamente la robustez material por medio de los ejercicios tácticos.[11]

De esa forma tales enseñanzas irían echando raíz en la vocación de los jóvenes, lo que permitiría que muchos de éstos adoptaran la carrera de las armas por verdadera convicción y no por obligación, como sucedía entonces. Esto revitalizaría al ejército al contar con verdaderos elementos útiles dentro de sus filas, que tuvieran aprecio a la clase militar y que no desdeñaran pertenecer a ella.[12]

A pesar de que dicha medida no fue tomada en cuenta en su momento (aunque en 1896 se retomaría un esbozo de la misma), probablemente por lo radical de su naturaleza y sus resultados, que habrían provocado la militarización de prácticamente toda la sociedad —algo inadmisible por buena parte de los grupos dirigentes de entonces, identificados con un movimiento civilista, opuesto lógicamente a cualquier intento militarista—, Reyes no olvidó tales ideas reformistas y a su llegada al Despacho de Guerra en 1900, tuvo la oportunidad de llevarlas a la práctica.

Aunque no logró establecer las prácticas militares a las que aspiraba, sí logró hacer que se usara una cartilla de ejercicios militares en todas las escuelas primarias del país. Dicha cartilla no serviría como un libro de texto sobre el cual el alumno estudiaría directamente, sino que dicho documento sería usado única y exclusivamente por el profesor encargado de la enseñanza, quien con base en los lineamientos de la cartilla debería de impartir sus lecciones orales. Así lo expresó el Diario Oficial el 23 de mayo de 1901:

Dada cuenta del dictamen emitido por la Comisión nombrada por esa Dirección [General de Instrucción Pública] para estudiar la conveniencia de adoptar en las Escuelas Nacionales Primarias la Cartilla de Ejercicios militares, mandada formar para ese fin por orden de la Secretaría de Guerra; el Presidente de la República, en vista de que no se trata de un libro que deba servir de texto para que en él estudie el alumno, sino de las bases para que el Profesor de sus lecciones orales, ha tenido a bien disponer: que mientras llega la oportunidad de cumplir con lo preceptuado en la fracción III, artículo 67 de la ley de 3 de junio de 1896, se adopte la expresada cartilla, de la cual acompaño un ejemplar, a fin de que, según ella, den los Profesores sus clases orales relativas a la expresada materia.[13]

Sobre la citada ley de 3 de junio de 1896 —cuyo nombre oficial fue el de Ley reglamentaria de instrucción obligatoria en el Distrito Federal y Territorios de Tepic y la Baja California—, valdría la pena decir un par de cosas: Su importancia radicó en que dicha disposición buscó unificar los planes de estudio para todas las escuelas primarias en los territorios directamente administrados por la federación, así como la obligatoriedad de tal instrucción para los niños y niñas de 6 a 12 años de edad (art. 1º); además, se afirmó el carácter gratuito y laico de la instrucción impartida en las escuelas oficiales (art. 2º); pero el artículo que verdaderamente interesa para la cuestión de la instrucción militar en la educación civil, es el 3º de esta ley, pues expuso el programa de enseñanza el cual incluyó la gimnasia y los ejercicios militares como parte del plan de estudios obligatorios[14] con los que, junto con la cartilla de instrucción militar, se buscó dar una preparación a los niños que estuviera más orientada a la disciplina y rigor castrenses, con el objeto, como ya se ha mencionado, de infundir en las generaciones jóvenes un verdadero amor por la patria, con el cual se lograría un buen servicio en las armas.[15]

Además de lo anterior, también se buscó atraer a la naciente “clase media” de principios del siglo XX hacia el ejército, pues según el pensamiento de Reyes, los individuos de esta clase social, preparada, profesionista y con una formación cívica considerable, podrían fungir como excelentes oficiales de reserva que entrarían en funciones para encuadrar grandes cantidades de tropa en el caso de que la soberanía nacional peligrara. Por ello, el general Reyes ideó la creación de la Segunda Reserva y, con ella, un manual que al estilo de la cartilla de ejercicios militares, pudiera ser usado por los instructores para formar con buen éxito a los aspirantes a reservistas, llamada sencillamente Manual del oficial subalterno.[16]

Manual del oficial subalterno

Sin embargo, las desavenencias políticas y otros factores impidieron que Reyes continuara su labor reformadora, la que se detuvo en seco en diciembre de 1902, cuando firmó su renuncia al Ministerio de Guerra y volvió a la capital de Nuevo León a retomar su puesto de gobernador.

Para terminar, hay que mencionar que no fue Reyes el último que habló de la instrucción militar en la educación pública, pues de hecho la idea germinal prevalece incluso en nuestros días: el artículo 3º de la Ley del Servicio Militar dice, de manera expresa, que: “La Secretaría de la Defensa Nacional prestará toda clase de ayuda a las autoridades educativas de los Estados en que no haya coordinación con la Federación en esta materia, para el cumplimiento de las funciones de instrucción militar a que se refiere la fracción I del artículo 31 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, a fin de intensificar la eficacia de la instrucción, de unificar los sistemas para impartirla y de controlar los resultados”.

Como vemos, una idea bastante vieja (ya el barón Antoine Henri de Jomini había hablado al respecto en su obra El arte de la guerra, de la que seguramente abrevó el general Reyes para formular sus reformas), y con una actualidad palpable pero que, al menos en el caso de México, no se lleva a cabo.

 


Recursos digitales descargables:

JOMINI, Baron Antoine Henri de, The Art of War: Restored Edition, Legacy Press Books Classics, 2009, 372 pp.

Ley del Servicio Militar, 23 de enero de 1998.

Manual del oficial subalterno, Talleres de Ramón de S. N., Callejón de Santa Inés núm. 5, México, 1901, 156 pp.

REYES, Bernardo, Conversaciones militares escritas para las academias del 6º regimiento de caballería permanente, por el jefe del mismo, coronel C. Bernardo Reyes, San Luis Potosí, 1879, 3ª ed., corregida por el autor, 1886, Imprenta del Gobierno en Palacio, a cargo de Viviano Flores, Monterrey, México, 99 pp.

REYES, Bernardo, Ensayo sobre un nuevo sistema de reclutamiento para el ejército y organización de la Guardia Nacional, Imprenta de Dávalos, San Luis Potosí, México, 1885, 145 pp.

SIERRA, Justo, Manual escolar de historia general, Tipografía de la oficina impresora de estampillas, Palacio Nacional, México, 1904, 611 pp.

Nota: El manual del oficial subalterno, el escolar de historia general, y los dos ensayos del general Reyes, fueron tomados de la excelente Colección Digital de la Universidad Autónoma de Nuevo León.

 


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[1] Castillo Troncoso, Alberto del, “Entre la criminalidad y el orden cívico: imágenes de la niñez durante el Porfiriato”, en Historia Mexicana, vol. 48., núm. 2, México, 1998, p. 297.

[2] Miranda Ojeda, Pedro, “La importancia social del trabajo en el México del siglo XIX”, en Historia, v. 25, núm. 1, Sao Paulo, 2006, p. 123.

[3] Bazant, Mílada, Historia de la educación durante el Porfiriato, El Colegio de México, México, 1993, p. 42.

[4] Bazant, Mílada, Historia de la educación durante el Porfiriato, El Colegio de México, México, 1993, p. 64.

[5] Castillo Troncoso, Alberto del, “Entre la criminalidad y el orden cívico: imágenes de la niñez durante el Porfiriato”, en Historia Mexicana, vol. 48., núm. 2, México, 1998, p. 301.

[6] Para mayor información sobre los objetivos, métodos y desafíos que debió de enfrentar dicho grupo en la Ciudad de México, véase, Agostoni, Claudia, Monuments of progress. Modernization and public health in México City, 1876-1910, Calgary, University of Calgary Press / University Press of Colorado / Universidad Nacional Autónoma de México, 2003, 231 pp.

[7] Reyes Bernardo, Conversaciones militares escritas para las academias del 6º regimiento de caballería permanente, por el jefe del mismo, coronel C. Bernardo Reyes, San Luis Potosí, 1879, 3ª ed., corregida por el autor, 1886, Imprenta del Gobierno en Palacio, a cargo de Viviano Flores, Monterrey, México, pp. 22-23.

[8] Memoria de Guerra, 1906-1908, anexos, p. 248.

[9] Reyes Bernardo, Conversaciones militares escritas para las academias del 6º regimiento de caballería permanente, por el jefe del mismo, coronel C. Bernardo Reyes, San Luis Potosí, 1879, 3ª ed., corregida por el autor, 1886, Imprenta del Gobierno en Palacio, a cargo de Viviano Flores, Monterrey, México, pp. 25-26.

[10] Ensayo sobre un nuevo sistema de reclutamiento para el ejército y organización de la Guardia Nacional, Imprenta de Dávalos, San Luis Potosí, México, 1885, 145 pp.

[11] Ensayo sobre un nuevo sistema de reclutamiento para el ejército y organización de la Guardia Nacional, Imprenta de Dávalos, San Luis Potosí, México, 1885, pp. 48-49.

[12] Ensayo sobre un nuevo sistema de reclutamiento para el ejército y organización de la Guardia Nacional, Imprenta de Dávalos, San Luis Potosí, México, 1885, pp. 50-51.

[13] Diario Oficial, 23 de mayo de 1901, t. LIV, pp. 6-7. La fracción III del artículo 67 de la ley de 3 de junio de 1896 no hace referencia más que a la atribución que tenía el Director General de Instrucción Primaria, de “Proponer al Ministerio del Ramo, cuatro meses antes de la terminación del año escolar, las obras que han de servir de texto al año siguiente [para] las escuelas oficiales de instrucción primaria del Distrito y Territorios federales; a cuyo efecto examinará y estudiará las que deben proponerle, con un mes de anticipación, las dos Escuelas Normales establecidas en el Distrito Federal y las que le sean consultadas por los directores de las escuelas primarias y por los particulares”, Colección Digital – Universidad Autónoma de Nuevo León (CD-UANL, en lo sucesivo) Dublán, Manuel y Lozano, José María, Legislación Mexicana, o colección completa de las disposiciones legislativas expedidas desde la independencia de la República, arreglada por los licenciados Adolfo Dublán y Adalberto A. Esteva, continuación de la ordenada por los Lics. Manuel Dublán y José María Lozano, edición oficial, México, 1908, t. XXVI, p. 234.

[14] CD-UANL, Dublán, Manuel, Lozano, José María, Legislación Mexicana, o colección completa de las disposiciones legislativas expedidas desde la independencia de la República, arreglada por los licenciados Adolfo Dublán y Adalberto A. Esteva, continuación de la ordenada por los Lics. Manuel Dublán y José María Lozano, edición oficial, México, 1908, t. XXVI, p. 223.

[15] A pesar de las disposiciones citadas, no es posible saber a ciencia cierta si la cartilla de ejercicios militares fue en efecto utilizada o, si sus preceptos fueron implementados, qué grado de penetración tuvo en las escuelas y sus respectivos efectos en los alumnos. No obstante, podría inferirse que dicha cartilla fue el antecedente a los modernos ejercicios llevados a cabo por los estudiantes en la materia “educación física” y que en 1905, fue conocida como “cultura física”, que debía practicarse mediante ejercicios corporales, Bazant, Míalda, Historia de la educación durante el Porfiriato, El Colegio de México, México, 1993, p. 43.

[16] Manual del oficial subalterno, Talleres de Ramón de S. N., Callejón de Santa Inés núm. 5, México, 1901, 156 pp.


3 thoughts on “La instrucción militar como parte esencial de la educación civil durante el Porfiriato.

  1. hola me gustaría saber en donde encuentro este documento…. CD-UANL, Dublán, Manuel, Lozano, José María, Legislación Mexicana, o colección completa de las disposiciones legislativas expedidas desde la independencia de la República que tienes como referencia ….

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